Le comentaba al columnista que la educación, es probablemente la “situación más elevada de comunicación”. A diferencia del servicio que ayuda al otro a comunicarse, la educación ayuda, tanto al educador como al educando, a crecer como seres humanos.
La educación, al igual que las otras situaciones de comunicación del ser humano, es un fenómeno multidimensional y evolutivo y por lo tanto tratar de reducirla a lo puramente corporal, mental, cordial o espiritual es no solo un error sino un engaño.
En un mundo al revés como este, en el que nos ha tocado vivir, en que el conocimiento, la inspiración e incluso la sabiduría están subordinados y son instrumentalizados por el poder, no es una sorpresa que la gratuidad en general y la gratuidad de la educación en particular, no sea un valor por excelencia.
Si aceptamos que en este mundo, la educación es la llave que nos permite evolucionar de la dependencia, a la independencia, a la interdependencia y finalmente a la trascendencia, es tentador pensar que en general los sistemas socio políticos conocidos sean básicamente materialistas (no evolutivos), y necesitan de una masa ciudadana no educada y dependiente del sistema y por lo tanto fácilmente manejable por la elite educada dominante.
Y en esto al parecer, no hay izquierdas ni derechas. La elite siempre ha mantenido escondida la llave de la educación.
Por eso más que un bien de consumo, la educación es probablemente el bien más escaso.
Para aprovechar mis 350 palabras, le proponía un test de grado evolutivo:
Para ser dependiente, necesito la imposición y el entrenamiento de un entrenador, y competir por lo que él posee, y así crecer en poder e igualdad.
Para ser independiente, necesito la supervisión y la instrucción de un instructor, e imitar lo que él hace, y así crecer en conocimiento y libertad.
Para ser interdependiente, necesito la cautivación y la revelación de un maestro, y adorar a quien él siente, y así crecer en inspiración y fraternidad.
Para ser trascendente, necesito el ascendiente y la enseñanza de un profesor, y emular quién él es, y así crecer en sabiduría y diversidad.